El poder se disputa en todos lados y el básquet no es la excepción. Un viejo deseo, un conflicto de antaño y un negocio potencialmente millonario vuelven a poner frente a frente al tradicionalismo europeo con la liga show por excelencia. La NBA Europa ya no es una idea lejana: es un proyecto en marcha que amenaza con cambiar para siempre el mapa del básquet en el Viejo Continente.
La iniciativa tomó forma pública en marzo de 2025, cuando el comisionado de la NBA, Adam Silver, y el secretario general de la FIBA, Andreas Zagklis, anunciaron oficialmente el inicio del proyecto. El compromiso fue claro: comenzar en enero de 2026 con el proceso de reclutamiento de inversores, equipos, promotores de estadios y socios comerciales. Ese trabajo ya está en marcha.
El objetivo es ambicioso: explotar un mercado que, según la visión NBA-FIBA, está subdesarrollado a nivel de clubes. “Dada la popularidad del deporte y el éxito de las competiciones de selecciones nacionales, existe un potencial sin explotar en el baloncesto europeo de clubes”, explicó Zagklis.
El origen del conflicto: FIBA vs Euroliga
Para entender el nacimiento de la NBA Europa hay que retroceder más de dos décadas. Desde 1958 y hasta el inicio del siglo XXI, la máxima competición continental fue la Copa de Europa, organizada por la FIBA y con libertad para que los clubes gestionaran sus contratos televisivos.
Todo cambió en mayo del año 2000, cuando la FIBA decidió rebautizar el torneo como Suproliga y firmó un contrato televisivo con la empresa suiza ISL sin consultar previamente a los clubes. La respuesta fue inmediata: bajo el paraguas de la ULEB, los equipos más poderosos de Europa impulsaron la creación de una nueva competición independiente, la Euroliga.
Barcelona, Real Madrid, Baskonia, Olympiakos, Virtus Bologna, Benetton Treviso, Zalgiris Kaunas y otros gigantes fueron parte de la rebelión. La FIBA amenazó con sanciones y exclusiones internacionales, pero nunca las ejecutó.
Durante la temporada 2000-2001 convivieron dos torneos: la Suproliga, que ganó Maccabi Tel Aviv, y la Euroliga, cuyo campeón fue el Kinder Bologna de Manu Ginóbili, MVP de las finales. Un año después, la Suproliga desapareció y la Euroliga se consolidó como la principal competencia de clubes.
La ruptura definitiva y el modelo de negocios
La paz duró hasta 2015. Ese año, la Euroliga firmó un acuerdo multimillonario por diez años con IMG, modificó su formato, redujo el acceso por mérito deportivo y aumentó la cantidad de partidos. La FIBA respondió con la creación de las Ventanas FIBA y, ante la negativa de los clubes de liberar jugadores, lanzó la Basketball Champions League como alternativa.
Desde entonces, el básquet europeo vive fragmentado. La Euroliga, hoy con 20 equipos y múltiples vías de acceso, ofrece un producto deportivo atractivo, pero económicamente deficitario para la mayoría de los clubes.
La jugada NBA-FIBA y los clubes en la mira
En ese contexto aparece la NBA Europa. La presión apunta a los grandes indecisos: Real Madrid, Barcelona y Fenerbahçe, tres de los cuatro clubes propietarios que no renovaron su vínculo a largo plazo con la Euroliga. El cuarto es ASVEL Villeurbanne, presidido por Tony Parker, que ya decidió sumarse al proyecto NBA-FIBA y mudarse a la Champions League.
“La NBA y la FIBA están en una posición privilegiada para aprovechar la rica tradición del baloncesto europeo”, afirmó Adam Silver, que busca desarrollar talento desde Europa y no solo importar estrellas. Hoy, uno de cada seis jugadores de la NBA es europeo, con figuras como Jokic, Antetokounmpo, Doncic y Wembanyama.

Qué se sabe y qué preguntas quedan abiertas
Aún restan muchas definiciones: el nombre oficial, la fecha de inicio —se estima octubre de 2027— y el formato. La idea inicial sería una liga de 16 equipos, con 12 plazas fijas y cuatro por mérito deportivo.
Las ciudades objetivo incluyen Londres, París, Madrid, Barcelona, Milán, Berlín, Atenas y Estambul, entre otras. Adam Silver incluso reconoció negociaciones con el París Saint-Germain, un club sin tradición en básquet, lo que genera rechazo entre los defensores del modelo europeo clásico.
¿Habrá tope salarial? ¿Qué pasará con los clubes históricos de mercados pequeños? ¿Quién pagará los cerca de 1.000 millones de dólares que costaría cada plaza? ¿Cuál será el rol de la FIBA? ¿Y el futuro de los argentinos en la Euroliga?
Son preguntas abiertas en un entramado que huele a poder, dinero y control.
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