La Fórmula 1 se prepara para un nuevo cambio de reglamento y, a diferencia de otras transiciones, pocos dentro del paddock parecen sentir nostalgia por la generación de autos que quedará atrás. Los monoplazas introducidos en 2022, con el regreso del efecto suelo como gran apuesta para mejorar los espectáculos en pista, no cumplieron con las expectativas.

El objetivo era claro: reducir el impacto del aire sucio, permitir que los autos se siguieran de cerca y generar más adelantamientos. Sin embargo, tras cuatro temporadas, el balance es negativo. El dominio prolongado de Red Bull primero y de McLaren después, sumado a la dificultad para sobrepasar sin diferencias marcadas de neumáticos, expuso las falencias del reglamento.

Uno de los más críticos fue Fernando Alonso, quien no dudó en sentenciar el ciclo. “No echaré de menos esta generación de coches. Son muy pesados, muy grandes y el efecto suelo hace que no sean divertidos de pilotar ni de seguir a otro coche. La expectativa era tener más acción en pista y no ha sido exitosa”, afirmó el español en una rueda de prensa de la FIA.

En la misma línea se expresó George Russell, quien remarcó la dureza y el tamaño de los autos. “No han sido los coches más placenteros de conducir. Suspensión dura, muy cerca del suelo y con muchos problemas físicos. Desde 2017 los autos son enormes. Todos tenemos ganas de empezar de cero con coches más pequeños y ligeros”, señaló el piloto de Mercedes.

Las críticas no fueron aisladas. Lance Stroll también cuestionó el concepto general de la normativa. “No lo voy a echar de menos. Los coches se han vuelto demasiado pesados y rígidos. La idea era mejorar las carreras y no sé si realmente lo conseguimos. Incluso las lesiones se han vuelto más habituales”, sostuvo.

Desde Alpine, Pierre Gasly apuntó al impacto físico que tuvieron estos monoplazas. “Los botes y saltos han sido muy duros para nuestra espalda. Ha sido mucho más exigente de lo que se ve desde fuera. Estoy contento de que nos alejemos de eso”, reconoció, aunque valoró la velocidad alcanzada en curvas rápidas.

No todo fue negativo en esta era. Varios pilotos destacaron que se alcanzaron registros de velocidad inéditos. Charles Leclerc, por ejemplo, subrayó ese aspecto como uno de los puntos altos. “El coche es extremadamente rápido en curvas de alta velocidad. No es tan agradable como la generación anterior, pero lo he disfrutado”, explicó el monegasco, aunque admitió que preferiría autos más livianos.

Con la mirada puesta en 2026, la Fórmula 1 apunta a monoplazas más pequeños, ligeros y con menor carga aerodinámica, además de una nueva generación de motores con mayor protagonismo eléctrico. Un cambio que genera expectativa y que marca el final de una etapa que, según la mayoría de los pilotos, no dejará demasiada añoranza.

Una generación de autos que prometía revolucionar el espectáculo y que, finalmente, quedará como una experiencia fallida dentro de la historia reciente del campeonato.

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