Indiana le robó el Juego 1 a Oklahoma con un doble agónico y rompió un récord imposible en la NBA

La NBA vivió una noche para la historia. En un final de película, los Indiana Pacers vencieron 111-110 a los Oklahoma City Thunder en el Juego 1 de las Finales 2025, con un lanzamiento decisivo de Tyrese Haliburton a solo 0.3 segundos del cierre.

En el Paycom Center, completamente colmado y con la euforia del público local, los Thunder parecían tener el partido asegurado. Llegaron a estar nueve puntos arriba a tres minutos del final. Pero Indiana no se entregó, y escribió una de las remontadas más inesperadas de la historia de las Finales NBA.

Hasta este jueves, ningún equipo había ganado tras estar perdiendo por 9 o más puntos en los últimos tres minutos de un partido de Finales: el récord era de 0-182. Indiana rompió esa marca en una noche consagratoria, que ya inscribe como una de las grandes gestas modernas del básquet.

El MVP de la temporada, Shai Gilgeous-Alexander, brilló con 38 puntos, y lideró a Oklahoma durante todo el encuentro. Pero en el cierre, los Pacers aprovecharon errores clave de los Thunder y desataron el caos con una racha de 15-4. Andrew Nembhard y Pascal Siakam fueron claves en la ofensiva, hasta que Haliburton tomó el protagonismo total.

Marcado durante toda la noche por Luguentz Dort y Alex Caruso, Haliburton acumulaba solo 14 puntos. Pero cuando todo parecía definido, se inventó un tiro desde larga distancia sobre Cason Wallace y silenció a las 18.200 almas del estadio.

“Somos un grupo resiliente. No nos rendimos hasta que el reloj llega a cero”, dijo Haliburton luego del partido. Y lo demostró en el momento más importante, igual que lo hizo en las series anteriores ante Milwaukee, Cleveland y Nueva York.

El segundo partido de la serie se disputará este domingo, nuevamente en Oklahoma City. Pero el primer golpe lo dio Indiana.

Solo tres jugadores en la historia habían convertido un tiro ganador en Finales NBA con menos de un segundo en el reloj: Hakeem Olajuwon (1995), Michael Jordan (1997), y ahora Tyrese Haliburton. Indiana eligió creer, y Haliburton eligió escribir su propia leyenda.

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