La escalada del conflicto geopolítico en América Latina tuvo un impacto que trascendió lo estrictamente político y comenzó a generar repercusiones en el ámbito deportivo. La intervención armada de Estados Unidos en territorio venezolano encendió alarmas en el mundo del fútbol y puso bajo análisis la organización del Mundial 2026, cuya sede principal será el país norteamericano junto a México y Canadá.
Durante la madrugada del sábado 3 de enero, fuerzas estadounidenses llevaron adelante una intervención militar en Venezuela con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, para trasladarlos a Nueva York y juzgarlos bajo cargos de “narcoterrorismo”. El hecho provocó un impacto regional sin precedentes y reavivó debates sobre las consecuencias deportivas de este tipo de conflictos.
En ese contexto, la FIFA podría verse obligada a analizar una eventual sanción, tal como lo indica su reglamento ante situaciones de guerra, inestabilidad institucional grave o conflictos armados de alcance internacional. Aunque por el momento no existe un pronunciamiento oficial, el escenario despertó preocupación en el entorno futbolístico.
Los antecedentes del ente rector del fútbol mundial son claros. En 1992, Yugoslavia fue excluida de todas las competiciones internacionales en medio de su guerra civil. Alemania, tras la Segunda Guerra Mundial, también estuvo impedida de competir luego de la disolución de su federación. Más recientemente, Rusia fue suspendida en 2022 tras la invasión a Ucrania, quedando fuera de Eliminatorias, Eurocopas y torneos continentales de clubes, sanción que continúa vigente.
En este marco, una intervención unilateral y de gran escala como la llevada a cabo por Estados Unidos podría, al menos en los papeles, comprometer su rol como organizador del Mundial e incluso su participación deportiva. La situación se vuelve aún más compleja al tratarse del principal anfitrión del certamen.
La tensión se incrementó además por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien, en la conferencia en la que anunció la detención de Maduro, lanzó duras críticas hacia México, otro de los países organizadores. “Los cárteles gobiernan México, ella no gobierna ese país. Algo habrá que hacer con México”, expresó en referencia a la presidenta Claudia Sheinbaum, elevando el conflicto bilateral a pocos meses del inicio de la Copa del Mundo.
Sin embargo, el escenario para Estados Unidos parece diferir del aplicado a Rusia. El pasado 5 de diciembre, durante el sorteo del Mundial realizado en Washington, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, le entregó a Trump un reconocimiento por sus “contribuciones a la diplomacia mundial”. A esto se suma el fuerte peso estratégico del país dentro del organismo y la gran cantidad de eventos FIFA que se desarrollan en suelo norteamericano.
Por el momento, y salvo un giro drástico en el escenario internacional, el Mundial 2026 continúa en pie y no se esperan modificaciones en su organización. Mientras tanto, la crisis geopolítica vuelve a demostrar cómo el fútbol, incluso en sus máximas competencias, no está ajeno a los conflictos globales.
La Copa del Mundo 2026, en la que la Selección argentina buscará defender el título, sigue su curso entre la incertidumbre política y el silencio oficial de la FIFA, un debate que continuará en la agenda internacional.
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