En una NBA en la predomina el negocio y no hay muchas veces espacio para los sentimientos, Lonzo Ball no se podrá quejar de que los Chicago Bulls no le han esperado.

Ha llegado por fin la hora de Ball tras varios años más de quirófanos y hospitales que no de parqué por el calvario de su rodilla izquierda. El base estadounidense, que jugó por última vez un partido en enero de 2022, va a volver a disputar un partido casi tres años después y lo hará en la madrugada del miércoles al jueves contra los Minnesota Timberwolves en encuentro todavía de pretemporada, según reveló Shams Charania.

Desde que disputara su último partido en la NBA, Ball se ha sometido a múltiples cirugías en su rodilla izquierda que han incluido un poco habitual doble trasplante de cartílago. El número 2 del draft de 2017 retoma el baloncesto todavía joven, con 26 años. El base tiene unas cifras de carrera de 12 puntos, 5,7 rebotes y 6,2 asistencias con un 40% en tiros de campo y un 36% en triples en 32,5 minutos en sus cinco temporadas en la mejor liga del mundo.

La larguísima lesión de Lonzo Ball ha traído no pocos problemas a los Bulls, que desde entonces no han sido capaces de encontrar un sustituto al base con el que ayudar al trío formado por Zach LaVine, Nikola Vucevic y DeMar DeRozan, quien se ha ido este verano a los Sacramento Kings. En aquella temporada 21-22, Chicago cayó en primera ronda contra los Bucks y no ha sido capaz de clasificarse para los playoffs en las siguientes dos temporadas.

La gestión del roster le ha costado no pocas críticas a su Vicepresidente de Operaciones, el ex azulgrana Arturas Karnisovas.

La llegada de Josh Giddey dará margen a Lonzo Ball para llegar poco a poco a su nivel en la temporada en la que podría protagonizar una redención de hermanos junto a LaMelo Ball, martirizado por su tobillos, lo que sólo le ha permitido disputar 36 y 22 partidos en las dos últimas temporadas con los Charlotte Hornets.