22 February, 2024

Un niño se despierta en el lugar más recóndito de África. Camina kilómetros y kilómetros para ir a estudiar o, en el peor de los casos, para buscar algo que le llene la panza en la mañana. El deporte no está presente en su vida, ni cerca. Hasta que aparece Martín Rocca. Él le ofrece una distracción, un aprendizaje y quizás un futuro a manos del tenis.

Argentino, 54 años. El primer contacto que tuvo con la raqueta fue gracias a su padre, en plena época de apogeo de Guillermo Vilas, decidió regalarle una para que jugara en la calle. A Martín le encantaba, pero nunca pudo ir a una escuelita. Se dedicaba a mejorar copiando a sus ídolos, esos que veía de vez en cuando por televisión en algún partido de Copa Davis.

Rocca se convirtió en entrenador, Director del Club de Tenis de Girona y en uno de los principales exponentes benéficos del tenis hispanohablante. Se presenta como fan del rock e inadaptado de por vida, aunque adaptarse a situaciones es algo que hace seguido. Por más que le den miedo los aviones usa las semanas que tiene de vacaciones para viajar donde necesiten ayuda. La aventura no termina en el vuelo de regreso, desde su hogar mantiene el contacto -casi diario- con sus colegas africanos, siempre atento a las necesidades que ellos requieran.

Junto a, el también instructor, Abel Rincón crearon una fundación que cada vez tiene más reconocimiento y jóvenes introducidos en el deporte blanco: “TennisAid surgió ante la necesidad de ayudar a dos entrenadores de Uganda que decían que les gustaba mi trabajo, pero no contaban con los materiales que yo utilizaba”, comenta el impulsor del “minitenis” (se utiliza solo la mitad del largo de la cancha) en España.

-¿Qué es lo que haces?

-Lo que hago es proveer de material deportivo y asistencia técnica a jugadores y entrenadores de todo el mundo.

-¿Cuánto tiempo te quedas en cada ciudad?

-Suelo ir una semana a cada ciudad que visito.

-¿De dónde sacas las raquetas, pelotas, raqueteros y zapatillas que donas a los niños?

-El material lo recibo por parte de clubes, empresas, fundaciones, jugadores y socios de instituciones. Todos colaboran porque saben que lo entrego a gente que lo necesita.

Llegó a solventar vuelos vendiendo pulseras a 1€
Llegó a solventar vuelos vendiendo pulseras a 1€

Rocca jamás jugó profesionalmente al tenis. Nadie le enseñó cómo realizar los movimientos o en qué lugar y con qué ángulo golpear la pelota, pero desde adolescente que se dedica a entrenar a otros jugadores, todo por aprendizaje propio. Iba a estudiar odontología, pero no era lo suyo. Se formó como entrenador profesional y con 18 años entrenó en Ferrocarril Oeste. 20 pelotas en su carrito para trabajar con 20 nenes.

Ahora no solo que le explica a los jóvenes como pegar un drive o un revés, sino que aconseja a los profesores sobre cómo sacar el máximo potencial de cada jugador: “Muestro todo lo que sé para que ellos lo puedan aplicar en su vida cotidiana como entrenadores, porque muchos no tienen la formación necesaria”. Como un médico, donde ve un defecto en el juego de un alumno lo ataca y hace todo lo posible por mejorarlo, así define él mismo su labor.

Su faceta benéfica comenzó en el 2014 y, en estos 9 años, ayudó en decenas de países: Zimbabwe, Ruanda, Ghana, Kenia o Sudáfrica, entre otros. El primer viaje a Uganda lo costeó con la venta de llaveros y pulseras. En el segundo a Camboya -seis meses después- vio cómo los niños jugaban sobre el piso de cemento a 35° durante largas horas, totalmente descalzos.

Con tanto recorrido hubieron alumnos que se destacaron rápidamente e incluso pudieron proyectar una carrera profesional a partir de su soporte. El caso ejemplar es el de David Oringa: “En un viaje lo conocimos, se fue de su casa porque eran 9 hermanos y no tenía espacio suficiente en el hogar. Su entrenador le dio un lugar para que se quedara con él. Siguió jugando, consiguió una beca en una universidad local y estudió marketing mientras seguía entrenando. Creció tanto que llegó a jugar la Copa Davis para Uganda”, recuerda Rocca.

Tal es la repercusión y la importancia de su fundación en el mundo del tenis que la cuenta @tennisaid1 ocupa un lugar dentro de los seguidos de Novak Djokovic en InstagramUna larga lista de jugadores reconocidos apoyan la causa. El argentino Pedro Cachin fue uno de los últimos en colaborar con vestimenta deportiva, raquetas y hasta una máquina encordadora profesional. Hoy por hoy se puede ver la campera argentina de la Copa Davis con el “Cachin” en la espalda presente en alguna cancha de Uganda.

En aquel país Rocca vivió uno de los momentos más duros. Un centro para jóvenes con necesidades especiales fue el destino en aquella ocasión, ahí pudo ver como niños con discapacidades eran abandonados porque sus familias no tenían el dinero para mantenerlos. El tenis les sacó una sonrisa.

El entrenador ugandés con la campera y las raquetas donadas por Pedro Cachín
El entrenador ugandés con la campera y las raquetas donadas por Pedro Cachín

-¿Cómo reciben el deporte los jóvenes de África?

-Los niños, especialmente los africanos, son naturalmente muy hábiles y cualquier actividad que hagan la pueden hacer relativamente bien en poco tiempo. Con el material y una buena guía, pueden jugar bien rápidamente.

-¿Qué tanto valoran los recursos que les brindas?

-La ropa y raquetas que les regalo las cuidan como si fueran de oro. He vuelto a algunos lugares años después y mantenían las donaciones en perfecto estado.

En su canal de YouTube comparte videos de entrenamientos y también las experiencias de cada viaje que realiza. Además, a fines de 2020 lanzó un libro titulado “Tenis Base: Mini Players” en el que profundiza sobre la manera de enseñar la disciplina a los más pequeños. De vez en cuando escribe notas de opinión y profundos análisis de técnica para medios españoles y argentinos.

Entrenó en Estados Unidos a principios de los 2000
Entrenó en Estados Unidos a principios de los 2000

Rocca pasó de pedir prestadas pelotitas a regalar cientos de ellas. No se olvida de esas tardes en el centro porteño, cuando recién entrado en la adolescencia le comunicaron que un club estaba en búsqueda de un profesor, sin dudarlo aceptó. Su primo le regaló algunas pelotas y se aventuró. Decenas de padres que lo miraban y ponían a prueba en cada entrenamiento, esperaban que convirtiera a sus hijos -unos pocos años menores que él- en futuras estrellas. Adaptándose al entorno, su manera de explicar lo llevó a dirigir en escuelas de Estados Unidos y España.

Su nombre jamás figuró en la página de la ATP. Toma como una ventaja el hecho de nunca haber sido jugador profesional, gracias a eso tiene otra visión, otra metodología y otra manera de comunicar. Solamente jugó un torneo ITF, a los 45 años, en un Senior en Tarragona, del que salió campeón en dobles mixtos. La relación entre Rocca y el tenis pasa por otro lado. La parte social lo mantiene conectado con el deporte, el hecho de poder hacer feliz a ese niño al que unas zapatillas nuevas le transforman la vida.

Entre tantas vivencias una de las que más conmueve al coach es la de su colega yemenita Nabil Mazwed. El plena guerra, entre disparos y bombardeos, el entrenador árabe colocaba una pequeña red entre los escombros y mostraba el deporte a los jóvenes que se acercaban. Calzados con armas jugaban unos minutos y se distraían del contexto. La organización de Rocca lo ayudó con donaciones a mediados de 2018.

Esporádicamente brinda soporte a territorios fuera de África como Filipinas, Colombia, Grecia o Brasil
Esporádicamente brinda soporte a territorios fuera de África como Filipinas, Colombia, Grecia o Brasil

-Más allá de la actividad o de una simple distracción, ¿hay un aporte extra de la mano del tenis para los niños?

-Sí. Les permite sentirse parte de un grupo, en el que son cuidados, bien tratados y pueden aprender no solo a jugar sino a relacionarse. Por otro lado, a los que van creciendo les abre una puerta a convertirse en ayudantes de sus entrenadores y facilitarles una salida laboral.

La misión no solo se quedó en África, sino que amplió sus horizontes. Hong Kong fue una de las últimas paradas, lamentablemente el racismo dio una bienvenida impactante para el entrenador xeneize: “Las niñeras, que por lo general son filipinas, son tratadas como ciudadanas de segunda, pese a que cuidan a los niños de sus empleadores”.

La beneficencia nunca tiene un punto final ni una meta en concreto, pero sí proyectos a corto plazo que una vez cumplidos se transforman en otros y así sucesivamente hasta poder, en este caso, acercar el tenis a cada niño que no lo conozca. Esos próximos logros cercanos para Rocca están claros: construir canchas en las zonas más humildes de África.


Fuente: Infobae